viernes, enero 20, 2006

Segunda historia


Ayer tuve un día díficil porque los muchachos, en clase, estaban hablando mucho. El límite entre ser paciente y terminar convertida en el payasito de ellos siempre me ha parecido delgado. Ayer, ya un tanto harta, terminé por ponerles una tarea terriblemente absurda y larga para hacer; "¿no quieren trabajar en clase? -sentencié drámatica- pues trabajen en la casa". Hoy llegaron callados y me alegra sentir que por encima de todo existe entre nosotros camaradería y con más de alguno un verdadero cariño.
Los viernes me gusta leerles historias porque creo, como lo dice Pennac, que uno debe dar a leer. Leí "La carta robada" de Edgar Allan Poe con tres clases de adolescentes. Con las dos primeras estuvo bien, dejé que algunos de ellos leyeran y en su mayoría hubo atención, con la última estuvo mejor... quizás porque fue el curso al que le puse una tarea más larga hubo, hoy, un silencio total.... Sentí a toda la clase concentrada. Yo fuií la única que leyó, ellos me lo pidieron, y yo leí con pasión, haciendo voces y pausas. El texto tiene varios momentos lentos e intenté, en la medida de lo posible, insertar el dramatismo necesario para que se conmovieran con esa aventura del intelecto que es este cuento. Cuando terminé todos aplaudieron fréneticos y yo estuve tentada a hacer una venia. Me dió gusto porque fue un momento especial, porque no deja de maravillarme que un texto escrito en 1800 consiga ser tan actual. Pienso en Poe, en su muerte solitaria en el hospital tras días de errar, perdido entre la nieve, confundido. Pensé en Baudelaire traduciéndolo al francés convencido de que se trata de su alma gemela, de una reencarnación pasada, quizás. Por eso mientras me aplaudían me senía un poco como Luke, en la última película de la saga de Star Wars, cuando estaban en la última celebración y a su lado se encontraban Yoda, ObiWan y su padre sonriendo desde otra dimensión......

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