jueves, octubre 26, 2006

Cronica de un jueves


Camino hasta Puerto Madero para ver el río de la Plata y conocer la Costanera. Ahí está el río, un tanto olvidado, recorriendo apacible el tramo que le ha sido asignado. Ahí, a su lado, se levantan gigantescos edificios, torres de babel, imponentes y costosas y como en latinoamérica los contrastes siempre están a la orden del día, a los pies de esos colosos es posible comerse "un churrasquito" porteño, caminar al lado del agua (hay que decir que aquello de "la basura en su lugar" es desconocido para muchos argentinos) y llegas, de pronto, a la Costanera y de repente todo es verde, apacible y se escuchan los cantos de los pájaros.
No me quedé mucho porque tenía una cita programada... En el taxi, el conductor me reveló que el martes fue el día más caluroso en no sé cuantos años. lo creo porque el termometro llego a casi 37 grados, pero lo increíble es que ayer bajo a 10 grados y que también, dice él, así se batió otro record. Yo me reía porque de alguna manera me sentía ocilando también entre extremos muy opuestos.
Almorcé en casa con los chicos y salí acompañada por Gomar en busca de películas hacia la avenida Corrientes.
Libros, películas, toda suerte de tesoros se materializaron ante nuestros ojos en esa calle de colores y avisos. Hice muy buenas compras y el día cada vez se sentía más soleado.
Gomar escucha y atiende, es una presencia tranquila y cálida que acompaña con firmeza.
Desde el bus en la plaza de mayo vi una especie de conglomeración. Me demoré un poco en recordar que los jueves es el día en que las madres (abuelas) van a protestar por sus hijos desaparecidos durante la dictadura. Ahí estaban ellas con sus pañuelos blancos en la cabeza. ¿Qué impresiona más? ¿que estén ahí todos los jueves, puntuales, tercas, decididas incansables o que sigan sin decirles nada después de tantos años? Y por último, ¿qué duele más, todo lo anterior o que los turistas se abarroten para tomarles fotografías como si fueran una atracción más? "Ves Carmen, ahí está el nene con Mickey mouse y más allá Alberto con las abuelas de la plaza de mayo, qué lindo, ¿no?"
A medida que avanzabamos aparecían nuevas sorpresas: un libro del que habíamos hablado, una camisa de un cantante del que vimos algo la otra noche. .. Me encantan esos instantes en que uno siente que el universo confabula para hablarte, todo se ordena parece estar ahí acompañando tu vida, tus decisiones, tus pensamientos. En medio de todo eso nos detuvimos en la calle a comprar otra película y seguimos nuestro camino. Una cuadra, dos cuadras... En una vitrina vislumbré el documental de Cortázar que anhelaba, ahí, ante mí, separados por un vidrio y un "regreso después". Decididos a culminar con el tesoro en la mano buscamos un locutorio para poder llamar al dueño de la tienda. Un cruce y apareció el obelisco majestuoso... Ahí estaba.. "señor, por favor tomenos una foto". Haciendo gala de su sentido común, el amable argentino, tuvo a bien tomarnos una foto a los dos, SIN el obelisco... de alguna manera logró que solo se viera la calle y nuestra cara de pose... tras semejante desatino solo nos quedó reírnos y tomarnos toda una serie de fotos divertidas hasta que Gomar logró que el obelisco pareciera un palito que sale de mi sombrero... así fue.
Entramos al locutorio y entonces descubro, con horror, que no tengo la billetera... Cambio de planes, devuelta incrédula, no puede ser. Así fue, tras el pago de la última película alguien más vivo que yo, alguien que no tenía su atención dispersa sacó la billetera con cuidado de mi bolso. Adiós pesos, adiós licencia de conducción, carnet del colegio, dólares, fotos de mis hijas y mías... adiós.
Devolverse a casa.
Por el camino yo tenía risa porque Gomar se encargaba de utilizar toda clase de artilugios para hacerme reir. Entre ellos me recordó que cuando un niño se golpea, la madre, compadecida, lo peina... "ya, nene, ya..." y le pasa la mano por el pelo mientras le acomoda la camisa. No importa cuánto sangres o cuánto duela "ya.. nene", duele pero estás peinadito y bien vestido. Pues sí.... Yo estaba peinadita, así que qué más da.
Cancelé tarjetas (la señorita de Mastercard casi se pone a llorar de la tristeza de que me hubieran robado. Ante la risa de todos me hizo terapia y me consoló por 20 minutos "y para todo lo demás existe mastercard), traté de burlarme... no estuve sola en el trance y en estos días que han sido tan simbólicos y tan cargados de significados. En estos días que el pasado parece materializarse para recordarme cosas, sentí que el robo lo había producido yo... una alerta, quizás, pero sobre todo es una liberación más, un soltar... olvidar... dejar atrás...
Ahora estoy en la casa y el día no ha terminado aún.
Esperemos, con calma, lo que depare la noche...

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